Los padres del invento.

Porque no empezar una entrada al blog con el padre y la criatura de todo esto. Señoras y señores con todos ustedes, Johannes Gutenberg y su precioso invento: la imprenta. Este hombre, de imponente barba, inventó allá por el año 1450 en la ciudad alemana de Maguncia, la imprenta. No es que antes se imprimiesen malos libros, simplemente se imprimían demasiado despacio y el bueno de Johannes se empeñó en hacerlo más deprisa que ninguno. Gutenberg no tenía más que fijarse en lo que había a su alrededor. Su capacidad de observación, unido a sus conocimientos en fundición, hicieron posible uno de los inventos que más han marcado a toda la humanidad: La imprenta.

De la primera obra de Gutenberg realizada con tipos móviles, El misal de Constanza, se desconoce el numero de ejemplares que se editaron, pero en la actualidad tan sólo se conservan tres.

De su siguiente obra, la conocida como Biblia de Gutenberg o de 42 líneas, fue capaz de imprimir entre los años 1454 y 1456 unos 150 ejemplares en papel y otros 30 en pergamino. Cifra nada desdeñable si tenemos en cuenta que anteriormente los copistas tenían una productividad muy limitada.

La imprenta se extendió por toda Europa al mismo tiempo que se extendía el uso de la pólvora. Primero por Alemania para luego saltar la frontera italiana en la década de 1460.

A Francia no llegaría hasta el año 1470 y a España se le atribuye ser la primera obra impresa al Sinodal de Aguilafuente, fechada en el año 1472 y realizada en Segovia por un alemán de deslumbroso apellido: Juan Parix de Heidelberg.

Antes de finalizar el siglo XV no había ciudad europea de cierto renombre que no contase con su propia imprenta.

Los primeros libros impresos eran unos buenos mamotretos muy difíciles de manejar y de llevar a la cama y habrá que dar las gracias al veneciano de adopción Aldo Manucio por crear los primeros libros de bolsillo en la última década del siglo XV. Libros aptos para todos los públicos, tanto por su tamaño como por su precio y legibilidad. Su colección de libros se nutría básicamente en un principio de autores griegos clásicos como Homero, Platón o Aristóteles.

A finales del siglo XV ya se habían impreso más de 10 millones de ejemplares. La mayoría relacionados con temas religiosos.

La imprenta, tal y como la diseñó Gutenberg, una prensa de madera y unos tipos móviles, permaneció sin grandes cambios durante más de 300 años, hasta la Revolución Industrial, cuando el proceso de impresión inició su progresiva mecanización. Pero ese ya es otro capítulo.

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Preimpresión, diseño y materias afines.
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